Tropezones

(“A punto de tropezar: Blancanieves”, óleo de Gabriel Alonso)

 

El DELE, que es como ahora se llama el antiguo DRAE, define tropezón como sigue:

tropezón, na
1. adj. coloq. Dicho comúnmente de una caballería: tropezadora.
2. m. Acción y efecto de tropezar.
3. m. Aquello en que se tropieza.
4. m. coloq. Pedazo pequeño de jamón u otro alimento que se mezcla con las sopas o las legumbres. U. m. en pl.

Resulta realmente curioso que la primera acepción sea un adjetivo que alude al trote de los caballos. Se supone que los sustantivos vienen antes y, sobre todo, que las acepciones deben ordenarse por la frecuencia de uso. No me imagino a muchos hispanohablantes obsesionados con los problemas de las caballerías en pleno siglo XXI: ¡si por lo menos se pudiera decir cada vez que aparco mi cochecito tropezón me empotro en el de delante! Pero, en fin, a lo que iba: pasando a las acepciones centrales, hay dos, la segunda, que es sinónima de tropiezo, y la cuarta que, como se nos hace saber, es más frecuente en plural. Nos hallamos ante un caso de enantiosemia. De la misma manera que a un@ l@ pueden llamar bestia por haber hecho una barbaridad (hizo el bestia), pero también por sobresalir en algo positivo (es una bestia estudiando), nos molesta tener un tropezón en nuestra carrera, pero nos encantan los tropezones que vamos descubriendo en la comida.

Los tropezones son muy sabrosos porque es emocionante hundir la cuchara en la sopa de calabaza y tropezarte con un tropezón de pan tostado o hincar el tenedor en los guisantes y pescar el tropezón de jamón. En el lenguaje pasa lo mismo, ya que comer y hablar son dos actividades en las que interviene el mismo órgano, la lengua, generalmente con gusto, aunque no siempre. Los tropezones del lenguaje son palabras y expresiones extranjeras con las que esmaltamos nuestro discurso introduciéndolas aquí y allá, en apariencia como al desgaire, pero realmente de formas muy bien calculadas. También es importante de qué lengua las tomamos. Las más frecuentes, vienen del latín, del inglés, del francés o del italiano:

El primer premio se lo dieron ex aequo a Marta y a Luis
Desde el jueves trabajo full time en Zara
Antonio está en las nubes; ya se sabe: cherchez la femme
¡Porca miseria!: me he quedado sin fondos

Los tropezones latinos confieren a la expresión un tono severo y elegante, por lo que se emplean para hablar sobre cosas serias:

Invistieron a Elvira doctora honoris causa por el alma mater salmantina
Este colega colabora siempre conmigo, es mi alter ego
Mea culpa, ha sido un lapsus linguae
Vino motu proprio y traía ex profeso su curriculum vitae

Por eso, cuando insertamos un tropezón latino en un contexto relajado y festivo queda bastante ridículo. Es como si sirviésemos las migas con trufa en vez de con chorizo:

De iure el modus operandi para hacer una tortilla consiste en echar un huevo per capita, pero de facto se suelen poner menos

Enteramente diferentes son los textos con tropezones del inglés. En estos casos lo que importa no es el carácter más o menos elevado del discurso, sino la sensación de modernidad que transmite. Quedan bien hablando de ciencia, de moda, del trabajo o de rock. Véase este fragmento de un informe médico, que se critica en una carta dirigida por Jesús López-Herce al director del Hospital Gregorio Marañón de Madrid:

“Nuestra experiencia en el distrés respiratorio agudo, teniendo como end point la mortalidad hospitalaria, es revisada en este paper. El Score de gravedad de la American Heart Association es aplicado para clasificar a los pacientes, y un volumen tydal de 7 ml/kg es utilizado como gold standard de ventilación. La ventilación mecánica es modificada según la curva de compliance hasta alcanzar la best PEEP y la máxima disminución del shunt”.

O esta reflexión de un comunicante anónimo a una pregunta formulada en Yahoo sobre la jerga que se emplea en las empresas:

“En la oficina, el jefe ya no es el jefe, es el boss, y está siempre en meetings con la public-relations o va a hacer business junto con su secretaria, o mas bien, asistant. Ella tampoco se queda atrás: hace mailings y trainings y cuando acaba el trabajo va al gym a hacer fitness y spinning. Alli se encuentra con todos los de la jet, que vienen de hacerse liftings, y con alguna top-model amante del body-building y del yogurt light, y cuando acuden a un cocktail piden roast-beef que, aunque parezca lo mismo, es mucho más digestivo y engorda menos que la carne.”

Sin embargo, una esquela con tropezones del inglés quedaría fatal. Se ve que esto de la globalización no cuela en el otro mundo. O la ponemos directamente en inglés:

Mr. José G. D. passed away suddenly on June, 5, 2018. He is survived by his wife, María C, sons Toni and Loli, 10 grandchildren, and one great-grandchild. A Celebration of José ’ s life will be held at 11 am, on Monday, June 7, at the Funeral Home, with Reverend Luis Pérez officiating. Memorial donations in memory of Jack can be made to current account nº XXXXXXX

O bien optamos por hacerlo en español:

D. José G. D. falleció cristianamente el 5 de junio de 2018. Sus apenados, esposa, Mª Carmen, hijos Antonio y Dolores, nietos, biznietos y demás familia. El funeral tendrá lugar en el tanatorio municipal el lunes 7 de junio a las 11 de la mañana. Se ruega un responso por el eterno descanso de su alma. Q.E.P.D.

Lo que quedaría fatal es mezclarlos y que saliese algo así:

Mr. José Gómez Díaz se murió de repente el 5 de junio 2018. Le sobreviven su mujer, Mari, sus hijos Toni y Loli, diez grandes niños y un enorme gran niño. La celebración tendrá lugar a las 11 de la mañana, el lunes 7 de junio en la casa funeral, con el reverendo Luis Pérez oficiando. Donaciones memoriales en memoria de José en la cuenta corriente XXXXXXX.

Ocurre lo mismo con los tropezones en francés, que se meten en la sopa verbal para darle un toque elegante. Por ejemplo, el texto que sigue:

“Agustín era un enfant terrible y tenía el mal du siècle: se pasaba la vida diciendo boutades por mera pose, le parecía de lo más chic. No se daba cuenta de que esto era algo completamente demodé, propio de un parvenu del demi-monde y no de una persona de la élite»

suena completamente natural en español, a pesar de que una de cada cuatro palabras es francesa. Pero es que estos tropezones son antiguos, parecen más bien croquetas hechas con sobras de comida. Lo raro sería encontrarnos el guisado en español castizo:

“Agustín era un niño terrible y tenía la enfermedad del siglo: se pasaba la vida diciendo ingeniosidades por mera puesta en escena, le parecía lo más elegante. No se daba cuenta de que esto era algo pasado de moda, propio de recién llegados de medio pelo y no de gente de la pomada.

Los tropezones no son un mero nombre puesto a la buena de Dios. Es bastante frecuente que las jergas profesionales empleen términos gastronómicos. Fíjense en este texto de economía en el que parece que se está hablando de pescaíllo frito, de los chicharros o jureles, que son peces de bajo coste, pero no:

“Los expertos reconocen que algunas compañías se han visto animadas por rumores y hechos circunstanciales, pero creen que el protagonismo de los chicharros es lógico por el atractivo de sus precios y el fuerte castigo que recibieron en años precedentes.” (Ángela Roche, Madrid. Expansión: Accionista, 6/2/2001).

Resulta que un chicharro en la jerga de la bolsa no es un pescado, sino un producto poco fiable porque son valores de empresas con escasa capitalización.

Los tropezones verbales, como los de la comida, deben valorarse por la calidad y no por la cantidad. Quiere decirse que un guisado con demasiados tropezones es indigesto y hortera, lo mismo que un texto con demasiados extranjerismos. Este es un vicio muy común en los anuncios de las cadenas de comida basura, que te encarecen el Super Big Mac con tres capas de carne, toneladas de queso que chorrea y más papas que las que tiene un guisote de la mili como si fuera un chollo. Pues algo así es lo que ocurre con los tropezones verbales, como se ve en muchos textos de economía según denuncia Rubén Conde Rubio en su blog:

«¿Puede el fundador de una start up ser el CEO de un gigante?» (Expansión, 03/09/2017).
La información no es sólo un output de la I+D, sino también un input (García Alvarado et al., 1995, Los servicios y el terciario en la Unión Europea, CREA).
«Quién es quién en los fondos españoles de venture capital» (Expansión, 17/10/2016).
«S&P mantiene el rating de España pero alerta de que Cataluña ya afecta al crecimiento» (El Confidencial, 29/09/2017).
«Carlyle, Blackstone y KKR encabezan el ranking del private equity» (Expansión, 18/02/2017).
«A mí me gusta más hablar de compliance que de cumplimiento normativo […]. El concepto de compliance introduce la ética, ya que algo puede cumplir las normas y ser legal, pero no ser ético» (Cinco Días, 13/10/2014).
«Así es el controller, un perfil en auge en las empresas» (Cinco Días, 7/10/2016).

Stop, please, quiero decir, ya basta, por favor. Sin embargo, lo peor de todo es un tropezón que no te esperas, algo así como un plato de migas en el que el trozo de chorizo te lo cambian por una sardina, según sucede en el texto de abajo:

“Nuestra oferta consiste en un producto modular ajustado a las necesidades de cada cliente, dado que muchos de los inversores de B2C a través de webs y sites especializados, ya disponen de servicios de valor añadido”, comenta Manuel Martín-Muñío, director de Inversiones y Negocio de Norbolsa.” (Expansión, Especiales, 11/7/2001).

¿Y qué será esto de B2C? –te preguntas. Pues parece ser que significa business to consumer, con lo que sigues sin verle la gracia. Hasta que algún listillo te explica que fonéticamente en inglés to suena como two, o sea [bi to si]. Lo dicho: una verdadera sardina que navega en un mar de migas.

En fin, que la cosa está que arde. Teníamos una lengua sólida y previsible, como de potaje gallego con su lacón y sus grelos, cocido madrileño con su tocinito y su morcilla o escudella catalana con su butifarra contundente, y ahora nos hemos topado de lleno con una lengua imprevisible, en la que tan pronto asoma el gengibre como el aire de zanahoria, la raspa de sardina sin sardina como la esencia de sésamo. A este paso habrá que doctorarse para hablar español.

6 Comentarios

  1. Rosa escribió:

    Bravo Ángel. Me ha encantado y lo comparto. . .
    Es muy divertido a las ves que triste , pues tienes razón que nos estamos cargando una lengua que es maravillosa.
    Me has hecho pasar un buen rato.
    Un beso enorme
    Rosi

    02/03/2018
    Responder
    • Ángel escribió:

      Rosi, querida, me llega tu voz desde las nieves que conocemos y es como si estuviéramos allí. Me alegra que te haya interesado, tengo la impresión de haber estado tratando el tema en directo en alguna de nuestras excursiones. Este año las haremos, seguro. Un fuerte abrazo: Ángel

      03/03/2018
      Responder
  2. José María escribió:

    Qué bueno, divertido e ilustrativo. Mutatis mutandi, claro.

    03/03/2018
    Responder
    • Ángel escribió:

      Gracias, José María, es estupendo que te lean los amigos, les gusta todo. Un abrazo: Ángel

      03/03/2018
      Responder
  3. Pura escribió:

    Se entrelazan el Ingenio, el divertimento y un gran conocimiento de las lenguas.
    Un saludo.

    05/03/2018
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  4. Palmira escribió:

    Muy ameno el tema de los tropezones aunque, la verdad, en algunos casos me confunden porque hay que estar muy al día para identificarlos. Un placer.

    06/04/2018
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