Registros

Los lingüistas, no solo los frikis, llamamos registros a los estilos del discurso (formal, coloquial, íntimo…), los cuales deben ajustarse al contexto y determinan la elección del vocabulario y de la gramática. Por ejemplo, aunque no nos gusten las alcachofas (conozco a más de uno), estaría muy feo que, estando invitados en una casa, le espetásemos a la anfitriona en trance de servirnos la malhadada hortaliza: “¡señora, quite de mi vista esa porquería!” Tampoco estaría bien del todo un escueto “no me gustan, gracias”, pero en fin, aún tiene su pase. Los manuales de urbanidad, que antes eran los únicos libros de autoayuda que leía el personal, solían aconsejar fórmulas como “tienen una pinta estupenda, pero no me ponga más porque me reservo para el segundo que, conociendo lo bien que cocina usted, será espectacular”. ¡Eso sí que era ayudarse a uno mismo y no toda esa furrufalla de meditaciones seudorientales y de dietas macrobióticas!: seguro que si no me hubiera dedicado a la lingüística friki, habría triunfado en los salones. Y es que la lingüística suele ser un inconveniente para la vida social: cuando los asistentes a un sarao vislumbran que se acerca un profesor, por ejemplo un lingüista especialista en registros, suelen salir huyendo antes de que les coloque su última conferencia. Suponen, con razón, que casi nadie se aplica el cuento a sí mismo.

Los políticos también meten la pata en esto de los registros. Casi nunca se fijan en para quién ni de qué están hablando y sus discursos van desde lo ridículo hasta lo grosero. Una muestra de ridículo la tenemos en el tono épico del que hacía gala Federico Trillo cuando narraba la invasión de la isla de Perejil en estos términos: “Al alba y con tiempo duro de levante …. con fuerte levante, 35 nudos de viento, salieron cinco helicópteros, tres helicópteros Cougar que transportaban dos equipos de operaciones especiales, con un total de 28 soldados que llegaron a la isla Perejil”. Parece el Poema de Mio Cid en moderno: “Todo preparado ya – al alba partió Minaya; mío Cid Campeador – quedó allí con su mesnada. Estéril era la tierra…”. No es sorprendente que este Trillo sea el mismo que, ahora que lo acaban de pillar cobrando un pastón por “asesorar” a una constructora, diga que va a “defender su honorabilidad”. ¡Venga jefe, que no nos chupamos los dedos!
Sin embargo, lo normal no es que se pasen de registro, es que no lleguen. En esto de la grosería pocos políticos tan expertos como Alfonso Rus, otro al que acaban de pillar (supuestamente) con comisiones y al que hasta han grabado contando el dinero. Por ejemplo, para festejar una victoria electoral decía aquello de “Os espero el día 20 por la noche en Valencia, champán y mujeres”. Y en otra ocasión se burlaba de sus propios votantes en estos términos: “Dije: traeré la playa a Xàtiva y se lo creyeron. ¡Si yo mando traigo la playa! Y van y se lo creen todos. ¡Serán burros (“Vaig dir: ‘portaré la platja a Xàtiva i s’ho van creure! Si jo mane, porte la platja! I agarren i s’ho creuen tots. Seran burros!”). Desde luego este Rus me desborda. Es difícil imaginar que ni haciéndolo aposta pueda encontrarse un ejemplo mejor de registro inadecuado. Claro que lo verdaderamente fascinante es cómo pueden votarle los de Xàtiva y, más tremendo todavía, las de Xàtiva. Se ve que hay frikis que tienen un fondo masoca.

Esto de los registros inadecuados suele ser contagioso. Pasa como con los intercambios verbales en el colegio, que empiezan por las buenas y acaban con insultos y sal gruesa: –Chaval, deja pasar; –No me da la gana; –Apártate que te doy una leche; –A que no te atreves, chulo de mierda… Y así hasta que se enzarzan a golpes. Bueno, pues en la vida política, lo mismo. No es inusual que sus señorías recurran al registro infantil: piensen en Monedero y en Montoro, ese par de chiquillos malcriados. Después de que el ministro gruñón insinuase que el ex líder de Podemos tenía problemas con Hacienda, este le tuteó en un mitin y le dijo: “Aunque quieras asustarme, no me das miedo, tengo mis cuentas muy en regla”. A lo que aquel contestó en otro foro: “El que está inquieto es que le pasa algo … que haga menos frases y más cumplir [porque] las frases son para su casa y su parroquia, pero hay que cumplir con la ley”. Como quien dice: –¿Pasa algo, o qué? (pronúnciese uké). A lo que se responde: –El que se pica, ajos come. Ya se picó Monedero, por eso acaba de largarse dando un portazo.

Esta gente da pena, aún no se han enterado de lo que se pierden al no entender ni papa de registros. Encima contagian a sus subordinados, como a ese tal Menéndez que dice que los datos del fisco relativos a Rodrigo Rato de los que dispone la Agencia Tributaria son “la repera patatera”. Es una vulgaridad, siempre que no se encuentran sinónimos adecuados para volver a mencionar una idea se usa el prefijo re-: contar y recontar, mirar y remirar, cargar y recargar… Aunque, ahora que lo pienso: ¿este repera no será una forma sutil de repetir la sílaba pe, como si dijéramos que es la PPra patatera? No es una tontería: su correligionario León de la Riva, ese alcalde feminista, ya practicó el mismo juego verbal cuando dijo: “Quiero que Valladolid deje de ser la ciudad de las tres Pes. Voy a limpiar Valladolid de piojos, pulgas y putas”. En medio de este páramo, no deja de admirarme la sutileza estilística y la perspicacia lingüística de las que hace gala Don Álvaro Pérez, alias el Bigotes. En una entrevista en el programa Un tiempo nuevo de Tele 5, preguntó si estaban “en horario protegido” y, en vista de que no había niños en la costa, pidió permiso (¡en Tele 5!) para utilizar “palabras malsonantes” para referirse a Francisco Camps: “Me dice que me quiere un huevo. Cagada, porque al mes y medio demuestra que ni amiguito del alma ni mierda, desapareció como Agag, cagando hostias”.

Esto sí que es entender de registros y lo demás son cuentos. Solo le faltaba añadir, como hacían los antiguos cuando tenían que aludir a las partes pudendas: “con perdón”. Si nuestros políticos fueran como el Bigotes, otro gallo nos cantara. He aquí un hombre fino, educado, cortés. Por desgracia ellos y ellas (o sea “los miembros y las miembras”, que diría Pedro Sánchez) son unos pardillos y no tienen ni idea de lingüística. Solo les salva que sin su colaboración, sobre todo sin la de los populares, este blog perdería muchísimo. Así que, ya que se van a dar un batacazo de aúpa en los próximos comicios, solo les deseo que por lo menos salven los muebles y podamos seguir disfrutando de sus meteduras de pata verbales por mucho tiempo.

Un comentario

  1. Guillermo escribió:

    No puedo imaginarme por quién va eso de las alcachofas…

    05/05/2015
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