Estilos discursivos

(Imagen de Emilio Ruiz Zavala)

Durante la carrera tuve un profesor que, cuando colgaba las notas, generalmente bajas, adjuntaba a cada cifra una serie de letras que debíamos interpretar con una clave adjunta que figuraba en el mismo tablón de anuncios. O sea que no te ponía simplemente 2 o 4,5 o 6, te ponía, por ejemplo, 4,5 R, H, S. El 4,5 te informaba de tu suerte: suspenso, quedabas para septiembre, pero sin letras significaba que podías recuperarte, eras un delincuente recuperable y, de hecho, con un poco de suerte y alguna que otra chuleta, lo solías lograr en la siguiente convocatoria. Sin embargo, las letras significaban conceptos abstrusos y difíciles, por no decir imposibles de enmendar. Si no recuerdo mal, R valía por “retoricismo vacuo”. Ya saben, cuando no tienes ni idea de lo que te han preguntado, cosas como La lengua del siglo XVI, y consigues rellenar medio folio dándole vueltas al asunto: “La lengua del siglo XVI era distinta de la del siglo XV y de la del siglo XVII. Los hombres del siglo XVI hablaban un idioma diferente de todos los demás y por eso eran distintos de los de antes y de los de después. Cuando leemos un texto del siglo XVI nos podemos imaginar cómo les parecería raro a los del XV, que eran más antiguos, y cómo les parecería raro a de los del XVII, que eran más modernos…”. Bueno, pues así, llenábamos hasta una cara de folio con letra bien gorda, aunque había virtuosos que llenaban hasta dos folios y medio: siempre los envidié.

Evidentemente la R significaba algo malo y en parte era la responsable del 4,5. Sin embargo, ahora no estoy tan seguro. Hablar sin decir nada durante minutos y minutos no es necesariamente un defecto, los políticos no hacen otra cosa y cobran por ello (algunos, además, meten la mano en el cajón para demostrar que el retoricismo, que mantiene al personal atontado, de vacuo, nada). La verdad es que el retoricismo vacuo tiene su técnica. Circulan por la red cuadros de doble entrada en los que basta escoger aleatoriamente una frase de cada columna para componer un discurso que no dice nada, pero que parece que dice algo. Si hubiera tenido una tabla de esas en mis buenos tiempos de estudiante o, mejor, una para gramática, otra para física, otra para geografía, etc., seguro que habría compuesto unos exámenes estupendos que me habrían aprobado con nota, pues ante la duda, el examinador prefiere no hurgar en la herida. Salvo mi profesor de las letritas, claro, al que no había manera de sorprender. Entreténganse un rato con la tabla que sigue y prueben a hacer un Rajoy (que sea corto: este hombre es de estilo lacónico), un Sánchez (tiene que quedar repetitivo, que Pedro tiene algo de maestro de escuela) o un Iglesias (con muchos gritos):

Cómo hablar 2 horas sin decir nada: Bastará que cojas el contenido de cualquier cuadro del grupo I y lo unas a cualquiera del grupo II y a continuación a otro del grupo III para terminar con uno cualquiera del grupo IV.Prueba y verás que fácil es hacer un discurso político:

 

I II III IV
Queridos compañeros la realización de las premisas del programa nos obliga a un exhaustivo análisis de las condiciones financieras y administrativas existentes.
Por otra parte,y dados los condicionamientos actuales la complejidad de los estudios de los dirigentes cumple un rol esencial en la formación de las directivas de desarrollo para el futuro.
Asimismo, el aumento constante, en cantidad y en extensión, de nuestra actividad exige la precisión y la determinación del sistema de participación general.
Sin embargo no hemos de olvidar que la estructura actual de la organización ayuda a la preparación y a la realización de las actitudes de los miembros hacia sus deberes ineludibles.
De igual manera, el nuevo modelo de actividad de la organización, garantiza la participación de un grupo importante en la formación de las nuevas proposiciones.
La práctica de la vida cotidiana prueba que, el desarrollo continuo de distintas formas de actividad cumple deberes importantes en la determinación de las direcciones educativas en el sentido del progreso.
No es indispensable argumentar el peso y la significación de estos problemas ya que, nuestra actividad de información y propaganda facilita la creación del sistema de formación de cuadros que corresponda a las necesidades.
Las experiencias ricas y diversas muestran que, el reforzamiento y desarrollo de las estructuras obstaculiza la apreciación de la importancia de las condiciones de las actividades apropiadas.
El afán de organización, pero sobre todo la consulta con los numerosos militantes ofrece un ensayo interesante de verificación del modelo de desarrollo.
Los superiores principios ideológicos, condicionan que el inicio de la acción general de formación de las actitudes implica el proceso de reestructuración y modernización de las formas de acción.
Incluso, bien pudiéramos atrevernos a sugerir que un relanzamiento específico de todos los sectores implicados habrá de significar un auténtico y eficaz punto de partida de las básicas premisas adoptadas.
Es obvio señalar que la superación de experiencias periclitadas permite en todo caso explicitar las razones fundamentales de toda una casuística de amplio espectro.
Pero pecaríamos de insinceros si soslayásemos que una aplicación indiscriminada de los factores confluyentes asegura, en todo caso, un proceso muy sensible de inversión de los elementos generadores.
Y además, quedaríamos inmersos en la más abyecta de las estulticias si no fueramos consacientes de que la condición sine qua non rectora del proceso radica en una elaboración cuidadosa y sistemática de las estrategias adecuadas para configurar una interface amigable y coadyuvante a la reingeniería del sistema.
Por último, y como definitivo elemento esclarecedor, cabe añadir que el proceso consensuado de unas y otras aplicaciones concurrentes deriva de una indirecta incidencia superadora de toda una serie de criterios ideológicamente sistematizados en un frente común de actuación regeneradora.

 

También la letra H tenía su miga, creo que significaba “hermetismo conceptual”. La primera vez que mi profesor me clavó una H me quedé helado (evidente: helado y no pasmado) porque yo sabía que era de las letras que más le molestaban. Un profesor puede aceptar que lo que le entregas está mal, pero nunca que no logra entenderlo, esto vendría a ser como un insulto porque se supone que conoce el tema mucho mejor que tú. Ya saben, cosas como. “la sintaxis es la parte de la lingüística que trata de los sintagmas, que son estructuras formales con huecos estructurales que rellenan artículos léxicos marcados específicamente para ellos”. Si les digo algo así a mis alumnos, me retiran el saludo y pasan ipso facto a jugar con la tableta. Sin embargo, ya ven, hay profesiones como la medicina o el derecho que claramente se solazan en la letra H. Por ejemplo una sentencia de un juzgado de Jaén en un caso de robo dice:

SEGUNDO.- Con la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal de atenuante muy cualificada del art. 21. 5 en relación con el artículo 66.2 del Código Penal. La consignación antes de juicio oral de la cantidad solicitada como responsabilidad civil, comprensiva del importe de los efectos sustraídos y daños causados en los vehículos de ambos perjudicados, tasados en 882,48 euros, constituye una reparación íntegra del daño a los dos perjudicados que junto con el arrepentimiento mostrado justifica la apreciación de la atenuante como muy cualificada, autorizando la reducción de la pena en dos grados.

Parece que el criminal era en el fondo un buen chico, pues ha apoquiñado ochocientos eurazos. Por lo demás no sabemos en qué consiste la pena. Algo más adelante se dice que tendrá que pagar dos euros al día durante seis meses o sea que tendrá que ir andando a trabajar o tomarse una caña menos. Una H, sin duda alguna. Claro que, si tiene dudas, puede acudir al código de derecho penal que se lo aclarará magistralmente:

66. 2.ª Cuando concurran dos o más circunstancias atenuantes, o una o varias muy cualificadas, y no concurra agravante alguna, aplicarán la pena inferior en uno o dos grados a la establecida por la ley, atendidos el número y la entidad de dichas circunstancias atenuantes.

Para mí, que no soy abogado, “dos o más” circunstancias atenuantes y “una o varias” muy cualificadas vienen a ser lo mismo, de donde se sigue que atenuante o muy cualificado no son conceptos exclusivos, sino equivalentes, como cuando decimos los portugueses o lusos. Aún son peores los diagnósticos médicos. Vean si no este diagnóstico de un hospital mexicano:

Paciente de 83 años de edad, antecedentes de implante de marcapasos VVI por síncope + masaje del seno carotídeo (MSC) positivo. Estudio electrofisiológico (EEF) con inducción de taquicardia ortodrómica compatible con vía izquierda. Múltiples paroxismos de TPSV tratadas con flecainida. En contexto de amiodarona + Flecainida + Quinolona, presenta síncope con Torsades de Puntas. Se indicó suspender antiarrítmicos y ablación de la vía.

Esperamos que no lo lea. Si lo hace, él o ella (curiosamente no se habla del sexo del paciente) se quedarán tiesos de un ataque al corazón. Una H al cuadrado (que no significa gran hermano, no sean malpensados).

Me imagino la cara que pondría mi profesor cada vez que fuese a una notaría o a una consulta médica y se encontrase con que le suministraban hermetismo conceptual directamente en vena. Y no tenía el cómodo recurso de tildarlos de gente inculta y simple como a los del retoricismo vacuo. Porque en nuestro mundo lingüístico un notario y un médico son alguien, faltaría más.

Sigo con las letras. La S significaba “superficialidad subjetiva” y no la llamó SS porque habría quedado feo. Mi profesor se la aplicaba inmisericordemente sobre todo a las mujeres. Para los hombres de su generación (y, me temo, también para muchos de la nuestra) el tópico de la superficialidad y de la subjetividad femenina sigue vigente. Así, cuando había que hablar de las funciones gramaticales se suponía que ellas dicen cosas como “el sujeto es lo más importante, luego le sigue en importancia el objeto directo y, por fin, el objeto circunstancial, que es una especie de adorno”. ¡Anatema! clamaba mi profesor, la gramática, mejor dicho, la Gramática, es cosa seria: el sujeto es la palabra que concuerda con el verbo (Juan come pan / los chicos comen pan), el objeto directo es una función que puede ser marcada por un clítico redundante (Juan el pan lo come sin pasarse) y el objeto circunstancial resulta opcional (Juan come pan (todos los días)). Estupendo. Como en aquellos tiempos el llamado análisis sintáctico era una cosa que practicábamos automáticamente y que no servía para nada (en eso, seguimos igual), no solíamos enjuiciar críticamente lo de que el sujeto concuerda con el verbo (no siempre es así: me vieron llorar, donde el sujeto de llorar es me, que no concuerda), ni lo de los clíticos (que también aparecen con el objeto indirecto) ni lo de la opcionalidad del circunstancial (resido en Valencia no permite simplemente resido). En cambio las valoraciones de las chicas –que eran una especie de juego, pues también se sabían todo lo demás– no se equivocaban nunca. Hoy a eso se le llama análisis actancial y es el que predomina. En fin, vivir para ver.

Pues mira por dónde las S han proliferado modernamente en los lenguajes de la moda. De todas las modas: la del vestir, por supuesto, pero también la gastronómica, la de diseño de interiores, la de vida natural, la de joyería, en definitiva, todas esas manías que caracterizan la modernidad y que l@ colocan a un@ en la pomada. Vean estas dos muestras de crítica enológica suscritas por Carlos Delgado para El País:

Supera así las añadas anteriores, ganando en expresividad y volumen, sin perderse en la habitual monotonía de estos blancos a la bordelesa. Desde el primer sorbo muestra su elegante oferta aromática a fruta madura y exótica, refrescada por notas cítricas que resaltan los toques florales, en sugestivo contrapunto con el leve fondo de humo y especias. Sabroso, de paladar exquisito, desvela un óptimo equilibrio entre alcohol y acidez. Y todo a un precio competitivo.

Hay con respecto a otras añadas mayor expresión del terruño y una más nítida impronta del roble, que es la línea melódica que singulariza sus vinos. Así, los leves tostados y el fondo de especias se integran amablemente en la intensa carga frutal, madura, fresca y balsámica. Una elegante y sensible composición aromática que tiene su réplica en la boca suculenta, donde domina el buen gusto con su sedosa y lozana frutosidad.

No me pregunten en qué consisten el leve fondo de humo, la expresividad, la sedosa y lozana frutosidad, las notas cítricas… Yo no noto nada de eso cuando bebo uno de estos vinos que, reconozco, están buenísimos. Aquí lo que funciona es la sinestesia a tope y su fundamento, necesariamente, es una asociación superficial. Pero es que la atracción física entre las personas o entre estas y los objetos se fundamenta en rasgos superficiales. Si nos pusiéramos a ahondar, nos encontraríamos con las vísceras y más allá con las células. Más vale no meneallo.

Resumiendo, que las letras de mi antiguo profesor constituían todo un tratado de análisis del discurso avant la lettre, una clasificación de los textos que solo podía hacerse peyorativamente en unos tiempos en los que nadie sabía qué era eso del discurso, texto o como se llame. Hoy sabemos que no es una tontería porque cuando hablamos o escribimos debemos adecuarnos al tipo de discurso que se espera de nosotros. La gente inteligente lo aprende practicando, la torpona necesita que se lo expliquen y paga un precio muy alto por equivocarse. Imaginen que un publicista, que tiene que moverse en el mundo de la S, hace un anuncio dentro de la H:

VACUPAL: solución acuosa de vaselina, cinamato, urea, parafina, alantoina y glicerina.

Es evidente que, por muy buena que sea esta crema, no se comerá un rosco porque la gente lo que quiere es que le hablen de la suavidad de la glicerina combinada con la reparación que proporciona la alantoina y el filtro solar del cinamato. O sea que no se puede llamar Vacupal, que suena a leche de vaca, sino más bien Protesuave o algo así. Y todo por confundir una S con una H. Bastante menos grave es confundir un sujeto con un atributo y conozco a más de uno y de una a los que les cargaron la Selectividad por un quítame allá esas pajas como este. Así no es sorprendente que haya muchos pedagogos partidarios del famoso enseñar a enseñar, lo cual está muy bien siempre que antes se garantice que hay algo que merece la pena enseñar y que el docente se lo sabe. Pero ese es tema para otro día.
En cambio, fíjense lo que le pasaría a un político que tuviese que hacer un discurso, naturalmente dentro de la R, y nos lo largase en estilo H para evitar recursos de inconstitucionalidad:

Derecho a decidir quiere decir que todos decidimos a veces, ¿no? Por ejemplo yo decido si quiero una caña o un cortado y tú decides si te compras una camiseta blanca o negra. Bueno, pues ya está, decidimos. Y luego tenemos lo del derecho. La gente tiene derechos: derecho a respirar, derecho a nacer, derecho a dormir, hasta derecho a estar derecho. Pues, ¿cómo no va a tener derecho a decidir? Así que ya sabes que el 1 de octubre tienes una cita. ¿Cómo, que si es con la Loli, dices? No seas gilipollas, que esto va en serio.

En fin, mi profesor se habría puesto las botas en los tiempos que corren. Aunque lo más probable es que hubiera debido echar mano del alfabeto georgiano, que consta de 36 letras, e incluso del alfabeto chino, con sus 20.000 caracteres, porque con el latino, para tanto discurso chorras que corre por ahí, no tenía ni para empezar.

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